Pasado

por vanessasaintcyr

A veces, el gusto por el pasado, por lo irrecuperable se vuelve tan poderoso que llegas a extrañar el café de la mañana, la primer caricia que baja por la lengua, el calor; la combinación de esa droga mañanera con las letras del domingo que llegan hasta la intimidad de las sábanas, sin prisa. El roce despreocupado y evocador de Andrés.

Todo eso estará mañana, tal vez, con una mejor lectura desde mi Kindle, pero la mañana que añoro se ha perdido, como los niños de aquella foto, que ya no son niños.

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