Archive for noviembre, 2010

noviembre 23, 2010

Cementerio de plástico

por vanessasaintcyr

Ahí están, abandonados, olvidados, muertos para la curiosidad y los ojos de sus dueños. Esquinas y repisas amontonadas por juguetes que ya ninguna mano los mueve o los acciona, la mayoría son de pilas. Un paisaje algo desolador y silencioso. Muñecas con ojos estáticos y vidriosos, como a punto de llorar; toda clase de inventos de mercadotecnia que hicieron efecto en el impulso de compra que los padres les han transmitido a sus hijos. Otro más y otro. Se desbordan inútiles hasta para decorar… hasta que llega un niño extranjero a ese país de juguetes paralizados por la apatía. Los descubre, saca los del fondo y empieza de nuevo la vida.

Al ver que otro se ilusiona con algo que se dejó, pero que aún cree que le pertenece (a veces se parecen tanto a los adultos) el dueño se incorpora al juego, pero generalmente se niega a prestarlos, a jugar, porque se pueden romper o descomponer o cualquier otro pretexto para dejarlos como estaban.

Me encanta la idea de Toy Story porque de una manera tan original los juguetes siempre se las ingenian para la permanencia, la vuelta al juego, seguir en el mundo cumpliendo con ese objetivo para el que fueron creados, si no ¿Qué sentido tiene continuar?

Pero la vuelta la juego no siempre es exitosa, hay muchos juguetes apilados y más personas indolentes. Hay que mover las cosas para movernos por dentro y a quienes tenemos cerca. Algo habrá de sintomático que los niños entren a su cuarto y lo que vean sea un cementerio de juguetes.

Hay infinidad de cosas que tenemos que en realidad pertenecen a otro, a quien sí les da vida.

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noviembre 16, 2010

“I knew this was coming”

por vanessasaintcyr

Empiezo a entender la vejez; quien ha vivido demasiados años sabe lo que no hay que hacer, lo que se debe evitar, pero no puede hacer casi nada para impedir que pase, que no suceda. Y lo peor es que tenga vida suficiente para presenciarlo.

Llegué a esta conclusión viendo la actuación de Robert Duvall en la película “The Road”, basada en la novela de Cormac McCarthy. Una de las historias más desgarradoras que he visto y, sobre todo, leído. Una historia de amor filial padre-hijo, de sobrevivencia y lucha, con una migaja de confianza a que nuestra especie puede salvarse de sí misma.

La versión cinematográfica es muy buena, pero el libro es para estudiar, sobre todo en su lengua original. Un padre y su hijo están buscando la costa en un mundo desolado y canibal. Después de pasar por situaciones inauditas que como lector nunca se olvidan se encuentran con un viejo en la carretera, en the road, el sendero que lleva y también aniquila. El anciano les entrega lo poco que tiene antes de que se lo exijan; el miedo impera.

Después le confiesa al padre que cuando los encontró creyó ver en el niño a un ángel, porque en lo que se había convertido el mundo no había lugar ya para la inocencia.

Es el niño quien le pide a su padre que el anciano cene con ellos las últimas latas de comida que encontraron antes de pasarse varios días sin comer. Comparten a la intemperie, arropados por una fogata, pero escondidos de cualquiera que pudiera encontrarlos. El anciano apesta, pero el niño le toma la mano, al tiempo que su padre le ordena que deje de hacerlo.

“I knew this was coming…”, dice ante la permanencia de la barbarie. Después el padre le dice que no puedo quedarse con ellos. El viejo se aleja solo otra vez por el camino.

Tuve que interrumpir la lectura varias veces y refrescarme los pensamientos. Era demasiado; un libro magistralmente escrito y una historia aterradora. Yo quiero ver el lado bueno de la vida, caminar por el lado soleado de la acera ¿por qué leer libros como este? Después veo, me asomo un poco a lo que pasa en este Tierra y entiendo porqué: prefiero leer a un autor tan descarnado como McCarthy y aprender de su “ficción” y, en la realidad, tratar de encontrar lo bueno. De no ser así no me quedaría otra opción que vivir inmersa en las historias capaces de reconciliarme con la raza humana aunque se desarrollaran en un un mundo desolado.

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