Archive for diciembre, 2010

diciembre 22, 2010

Mujeres Tarantino

por vanessasaintcyr

Tengo un nuevo héroe personal, y tengo que admitir, además, que cierta cerradez y un prejuicioso punto de vista, no me habían permitido ver, analizar y disfrutar el cine que hace porque me quedaba sólo con las escenas más intensas y violentas y no en todo el proceso, la genialidad de los diálogos y la estructura.
En fin, se trata de Tarantino, sí, el Quintin famoso, y fue gracias a su cinta Death Proof que se ganó toda mi admiración. Es una película compleja, inteligente y llena de deliciosos guiños sensuales, sociales y con ese humor tan particular y envidiable que sólo él logra.
Se las voy a contar en un orden distinto y ojalá y convenza, sobre todo a las mujeres, de verla. Si no lo logro, ustedes se la pierden. Se divide en dos partes. En la primera, un grupo de jóvenes y bellas mujeres viajan camino a una casa junto a un lago, y ahí empiezan los fantásticos, desinhibidos y reales diálogos de jóvenes mujeres que hablan de sexo sin tapujos y se muestran solidarias entre sí. Piernas hermosas y desnudas, carteles y camisetas con referencias a otros filmes, mucho alcohol y algo de “pot”, desde luego. Y al mismo tiempo, un psicótico, ex doble en películas de acción que las persigue.
Después, una erótica escena de baile a cargo de la imponente Vanessa Ferlito y poco después, puro estilo Tarantino con regodeo en la violencia, pero que al final hace sentido.
Catorce meses más tarde, otro grupo de chicas guapas, sexys, explosivas y rudas caracterizan estereotipos reales, frescos y desafortunadamente alejados del cine actual que invade las salas. Estas mujeres dueñas de sí mismas revierten la situación y son protagonistas de una venganza-masacre -contra el sicópata- que inspira a tal grado que mi mejor amiga ha determinado que será su filtro para seguir estableciendo relaciones con las mujeres a su alrededor. Es decir, si no les gusta Death Proof no podrán estar en su círculo cercano.
En fin, mis ganas de contarles la película completa -con un subidísimo ímpetu de girl power– podría tomar páginas enteras, lo único que puedo agregar es que es muy grato ver que la visión de un hombre ilumina –en una versión con este corte tan peculiar- que las mujeres tenemos el poder de revertir cualquier situación.
Y otro punto interesante e irónico. Resulta que para la taquilla y la crítica, que generalmente alaba el trabajo de Tarantino, esta cinta fue un verdadero fracaso. Leyendo entre líneas se puede vislumbrar por qué.
Ya no hay chicas Almodóvar sino mujeres Tarantino.

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diciembre 15, 2010

Mami, quiero leer tu libro

por vanessasaintcyr


He logrado que mi hijo de tres años pida leer un cuento antes de dormir, es más, he logrado que se niegue a dormir si no le leo uno, así que cuando he querido saltarme la rutina porque es demasiado tarde o quiero sentarme a trabajar antes de caerme de sueño, él remolonea y tarda más de la cuenta en relajarse, no sin antes entre sueños soltarme un reclamo de que no leyó.
Hemos pasado de libros con oraciones muy cortas que pronto se aprende de memoria, a El gigante egoísta, de Wilde, por ejemplo. Y así pide otro y otro.
Hoy, cuando le pregunto qué quiere leer, va hacia mi mesita de noche donde sabe que siempre hay libros y me dice: quiero leer tu libro, mami. A mí me da un vuelco de entusiasmo porque entre su semántica y mi deseo pareciera que quisiera leer el libro que escribí y no el que estoy leyendo.
—Pero este libro no tiene imágenes, mira, son sólo letras, palabras, así son “los libros de Mami”, ¿quieres mejor uno de los tuyos?
—Pero yo quiero leer este. ¿Cómo se llama?
Y para buen tino se trata de Cuentos completos de Katherine Anne Porter, así que él escucha cuentos y no ve ninguna diferencia.
—Quiero este.
Sorprendida, se me ocurre empezar a leer donde me quedé la noche anterior, y pienso también que tal vez él cambie rápido de opinión al no entender muy bien de qué va la historia. Así que leo cerca del final de Vino de medio día cuando el sentimiento del culpa del señor Thompson se hace más insoportable. Mi hijo escucha con atención, así que al ver que no me detiene tengo que cambiar, sobre todo, el verbo matar por pintar, que es en esa parte donde más se repite.
Casi al final de la segunda página leída, decido terminar yo …“y este cuento se acabó”.
Él se voltea en su camino al sueño y no dice nada.
Ya con la luz apagada me quedo pensando en el poder de las palabras. Y trato de hacer un recuento de lo que he dicho durante el día que a él pudiera grabársele. A los niños les encanta acercarse al terreno de los adultos y regresar, supongo que para comprobar que todo va bien. Además, más veces de las que ni siquiera nos damos cuenta los subestimamos; entienden y enseñan, nos enseñan que lo que ahora está cerca de ti también los toca a ellos.
Con suerte y un día vaya directamente a leer mis libros.

diciembre 13, 2010

Comprar

por vanessasaintcyr


—Y ahora haré lo que hace toda mujer cuando está aburrida: comprar.
—¿Qué necesitas?
—No necesito nada específicamente, necesito comprar algo.
—Bueno, compra un libro, uno que merezca leerse. O experimenta entre tantos títulos, pero compra palabras. Y si puedes evita los Best Sellers.
—Ay, tu siempre con tus ideas raras, ¡cómo un libro! Tendría que ser algo que pueda lucir, oler, que se refleje en mi espejo, que sea visto por otros ¿quién se va a enterar de que compré un libro?
—Tus neuronas y el autor, el del libro, no el de tus neuronas, que vive en la inanición, por cierto.
—Ja, ja. Muy graciosa.
—Entonces compra una ayuda mensual a un niño a través de UNICEF, la fundación Pies Descalzos o cualquiera otra que impulse la educación en los que empiezan a crecer.
— Y dale, eso no se luce.
—Claro que sí, pero tarda años en que ese brillo se vea reflejado en el mundo y después en ti, si te interesa enterarte, claro.
—Pues no, yo estaba pensando en un accesorio más para mi pulsera Pandora, ahora salieron unos nuevos redondos y de colores di-vi-nos.
—Pandora sale cuando abres la boca.
—No, no, mejor el iPad, el más potente, seré la envidia de mis amigas cuando me vean en el Starbucks muy concentrada toqueteando mi pantalla.
—Mira, hagamos algo por mi mundo y el tuyo; te compras el iPad, yo te regalo tu primer ebook, y después abres una cuenta en Amazon para que sigas explorando y tocando, ahí puedes comprar de todo, pero si son libros o música, mejor. Y en una de esas, con algo de curiosidad, busques mi nombre, te topes con mi libro, lo compres para abatir tu aburrimiento y todos podamos alimentarnos: tus neuronas, yo, y el nuevo hogar donde se mudarán todos los libros.

diciembre 9, 2010

La calle que extraño

por vanessasaintcyr

La calle te puede sorprender con rostros y actitudes humanas; es un escaparate nutrido, bello y salvaje. Y ante ese escenario donde al mismo tiempo eres actor, espectador y fugaz director de cine, a veces las sorpresas son mucho más que gratas. Por ejemplo, el rebuscado y seductor sonido de un sax que invade y embelesaba sin preguntar.
Fui a tomar un café a esa esquina del parque, donde veía pasar un poco la vida, los niños y tantos perros que en los últimos años se han adueñado de los parques.
El músico estaba ahí; elegante y hasta un tanto tímido, vestido con su guayabera blanca, sombrero panamá y su reluciente saxofón dorado de donde sacaba traviesas notas de jazz. Fui, compré mi café y salí del lugar, pero su música me abrazó y no me dejó ir.
La buena música me abre los poros… me acaricia. Me ha pasado, varias veces, en mi ciudad y otras del mundo que un músico de espíritu libre y que ama lo que hace suelta sus notas en alguna banqueta concurrida. Y yo me dejo hipnotizar porque las buenas composiciones son un motor de fantasías.
En diferentes ciudades y con distintos instrumentos. Barcelona; en el metro de París; en Vancouver, en Lisboa y en New Orleans, por supuesto. Respetuosos, toman la calle y el silencio para compartir y tratar de vivir de eso. Se hacen dueños de ese pequeño escenario y después, agradecidos o un tanto decepcionados, parten. Son nómadas urbanos que casi nunca se acomodan en deleitar al mismo auditorio, saben de su condición efímera, saben que su hechizo es fugaz y que otras partes del mundo también necesitan escucharlos. Los mejores, callejeros o no, así son.
Pero el sax fue una experiencia nueva porque es un instrumento que va poco a poco; un beso por aquí y otro allá, notas sin prisa pero con ritmos insospechados y urgentes de continuación… Un clímax explosivo y elegante para descender con suavidad. Te suelta, pero no te deja ir, como los buenos amantes.
Cuál es el precio que debería pagar por ese regalo, ese estremecimiento musical que, tengo que reconocerlo, tiene mucho de sexual. Si la música me toca, el precio es hacerle saber lo que provoca. Esperé a que terminara, me acerque y le dije: ¡gracias, qué rica música tocas! Me miró, me regresó la sonrisa y quise creer que entendió la metáfora, pero siguió con lo suyo. Los buenos músicos son así.

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