Mami, quiero leer tu libro

por vanessasaintcyr


He logrado que mi hijo de tres años pida leer un cuento antes de dormir, es más, he logrado que se niegue a dormir si no le leo uno, así que cuando he querido saltarme la rutina porque es demasiado tarde o quiero sentarme a trabajar antes de caerme de sueño, él remolonea y tarda más de la cuenta en relajarse, no sin antes entre sueños soltarme un reclamo de que no leyó.
Hemos pasado de libros con oraciones muy cortas que pronto se aprende de memoria, a El gigante egoísta, de Wilde, por ejemplo. Y así pide otro y otro.
Hoy, cuando le pregunto qué quiere leer, va hacia mi mesita de noche donde sabe que siempre hay libros y me dice: quiero leer tu libro, mami. A mí me da un vuelco de entusiasmo porque entre su semántica y mi deseo pareciera que quisiera leer el libro que escribí y no el que estoy leyendo.
—Pero este libro no tiene imágenes, mira, son sólo letras, palabras, así son “los libros de Mami”, ¿quieres mejor uno de los tuyos?
—Pero yo quiero leer este. ¿Cómo se llama?
Y para buen tino se trata de Cuentos completos de Katherine Anne Porter, así que él escucha cuentos y no ve ninguna diferencia.
—Quiero este.
Sorprendida, se me ocurre empezar a leer donde me quedé la noche anterior, y pienso también que tal vez él cambie rápido de opinión al no entender muy bien de qué va la historia. Así que leo cerca del final de Vino de medio día cuando el sentimiento del culpa del señor Thompson se hace más insoportable. Mi hijo escucha con atención, así que al ver que no me detiene tengo que cambiar, sobre todo, el verbo matar por pintar, que es en esa parte donde más se repite.
Casi al final de la segunda página leída, decido terminar yo …“y este cuento se acabó”.
Él se voltea en su camino al sueño y no dice nada.
Ya con la luz apagada me quedo pensando en el poder de las palabras. Y trato de hacer un recuento de lo que he dicho durante el día que a él pudiera grabársele. A los niños les encanta acercarse al terreno de los adultos y regresar, supongo que para comprobar que todo va bien. Además, más veces de las que ni siquiera nos damos cuenta los subestimamos; entienden y enseñan, nos enseñan que lo que ahora está cerca de ti también los toca a ellos.
Con suerte y un día vaya directamente a leer mis libros.

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