Archive for abril, 2011

abril 20, 2011

Atrás

por vanessasaintcyr

Llegó a su habitación y estaba invadida de rosas, las había en floreros pequeños que tapizaban el piso; en la cama, sobre la mesita que no era escritorio pero que usaba para trabajar, para jugar a escribir.

Eran rojas, todas, encendidas del impulso inagotable de aquél que entró con esa fallida intención de convencerla. Algunas ya estaban deshojándose, cansadas de esperar encerradas a que ella llegara y las viera y las despreciara.

Llegó tarde, poco antes de la media noche. Observó el escenario salpicado de rojo; una batalla entre el deseo por poseerla y el rechazo de ella por todo cliché de conquista.

Nadie había hecho algo así por ella y quizá nadie lo hará otra vez.

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abril 14, 2011

My mind

por vanessasaintcyr

Es él y su mirada de mar. Su voz profunda y candente como si despertara a mi lado y sugiriera con la vista puesta sobre su espíritu libre I only know my mind, I am mine. Y sé que no puedo tenerlo, pero me tranquiliza su propuesta que va para cada ser en este mundo, y no me canso de escucharla.
Dedos de hombres y guitarras, esas manos acariciando las cuerdas.
Me uno a su himno.
Gracias, Eddie.

The selfish, they’re all standing in line
Faithing and hoping to buy themselves time
Me, I figure as each breath goes by
I only own my mind

The North is to South what the clock is to time
There’s east and there’s west and there’s everywhere life
I know I was born and I know that I’ll die
The in between is mine
I am mine

And the feeling, it gets left behind
All the innocence lost at one time
Significant, behind the eyes
There’s no need to hide
We’re safe tonight

The ocean is full ‘cause everyone’s crying
The full moon is looking for friends at hightide
The sorrow grows bigger when the sorrow’s denied
I only know my mind
I am mine

And the meaning, it gets left behind
All the innocents lost at one time
Significant, behind the eyes
There’s no need to hide
We’re safe tonight

And the feelings that get left behind
All the innocents broken with lies
Significance, between the lines
(We may need to hide)

And the meanings that get left behind
All the innocents lost at one time
We’re all different behind the eyes
There’s no need to hide

abril 7, 2011

La gata Lao X (El final)

por vanessasaintcyr

Lydia se quedó hipnotizada, la mirada fija en el tablero del auto o un poco más arriba, a través del parabrisas. Traía a Lao en los brazos con el cuello colgando por encima del codo. Después de todo era una buena señal aquél impulso de cazar aunque se haya quedado atrapada. Sonrió, sentía que el animal iba recuperando calor y agradeció el silencio del hombre que manejaba sin hacerle preguntas. No era fácil encontrarse con alguien que desechara las palabras con tanta serenidad. Miró sus brazos mientras cambiaba las velocidades del motor, morenos de sol, torneados por el ejercicio físico de movimiento constante, un nómada.
Siguió subiendo la mirada, el hombro derecho, la sienes con algunas canas, el perfil recto que de repente volteo y se ancló en sus ojos.
Es ahí, es esa casa de la esquina. Es una mujer, una doctora.
Gracias.
Se bajó con rapidez.

Lao estaba deshidratada, desnutrida, tenía un colmillo roto y tenía fracturada la pata derecha. Debía ponerle algunas vacunas, era necesario que se quedara ahí hasta el otro día. Lydia pagó la consulta y las medicinas y salió con el suéter manchado de sangre. Mientras buscaba el celular, su mano rozó con una textura húmeda y floja. El trozo de atún se había salido de su envoltura y todo se había impregnado de olor a pescado. Miró el reloj y los cinco mensajes que tenía por leer, todos de la tienda, tenía que preparar el material y pulir las piedras para la nueva colección, ya tenía los diseños pero hacía falta armarlos y prefería hacer ella el trabajo. De repente sintió que adornar los cuellos y las manos de otras mujeres era un oficio insulso, sobre todo cuando ella misma prefería sus manos desnudas y su cuello siempre dispuesto a una mordida, sin nada que pudiera estorbar. Disfrutaba mucho trabajar con los minerales y piedras raras y las ventas de sus diseños de joyas le permitía pasearse un lunes a medio día por calles que no conocía.
Llegó a una esquina y en una jardinera enterró el atún. Se frotó un poco de tierra para mitigar el olor, ahora sus palmas tenían una sombra opaca.
No podía seguir perdiendo tiempo. Paró un taxi y se subió. Mientras se dirigía a su taller pensó que al día siguiente Mario despertaría tarde, extrañado, sin saber porqué. Quizá no se percataría de la ausencia de Lao, ni echaría en falta ese llamado incesante que nunca descifraría. La llenó de gozo recordar a aquél hombre, su silencio imponente, la disposición de ayudarla, la belleza en su cuerpo de una madurez incipiente. Y sonrió al sentirse segura de que tenía algo ahí, con él, porque Lydia, como tú y como yo, terminamos enamorándonos de las historias que nos inventamos de los otros.

abril 1, 2011

La gata Lao IX (y el gato que la salvó)

por vanessasaintcyr

El refrigerador era un Kelvinator de más de 30 años de uso y aunque entre las dos trataron, no pudieron moverlo, era demasiado pesado y el espacio donde estaba empotrado muy estrecho. Tenían que sacar a Lao primero o mover el aparato con mucho riesgo de aplastarla.
Lydia la tocó; su pelaje tenía una tibieza exigua. La tomó de las dos patas y la jaló, apenas logró moverla. Tal vez la cabeza estaba atorada con algo y eso era lo que no la dejaba salir. Se agachó al ras del suelo. No entendía como Lao pudo haber metido medio cuerpo ahí.
Necesito encontrar un gato para sacarla, un gato hidráulico, —corrigió ante los ojos sorprendidos de la mujer— hay que alzar el refrigerador.
Mejor busque un veterinario, —respondió al señalar un hilo de sangre que se deslizaba por el mosaico azul.

Lydia salió a la calle sin saber dónde buscar primero. Se metió al primer establecimiento que encontró preguntando por una vulcanizadora o una veterinaria. El empleado no encontró relación y sonrió divertido; no sabía de ninguna. Y así en la siguiente que encontró, y en la siguiente. Pensó en llamar a Mario, pero tendría que darle demasiadas explicaciones antes de que él entendiera porqué lo necesitaba en su propia casa, no sería suficiente con decirle que tenía que ayudar a preservar la única pertenencia viva que había dejado su madre.
Estuvo casi cuarenta minutos buscando sin suerte hasta que decidió regresar. Un auto iba entrado en la privada. Esperó a que se estacionara, resultó ser el vecino al lado de casa de Mario.
Tocó en el vidrio del parabrisas y el hombre la miró desconcertado.
Necesito que me ayudes.
¿Qué pasa?
Saca el gato de tu cajuela, dime por favor que tienes uno ahí.
El hombre salió y empezó a buscar, tenía la cajuela llena lámparas sumergibles, visores y trajes completos de neopreno. Cuando lo encontró Lydia lo jaló hasta la cocina donde la mujer hacía sus menesteres como si nada hubiera pasado.
Hay que sacarla, —señaló hacia donde estaba Lao.
Puso el gato en medio del aparato, el ángulo casi no entraba entre el suelo y la parte más baja del refrigerador. Empezó a jalar la palanca con lentitud. La mujer dejó de lavar y se puso detrás para observar.
Toma al gato con las dos manos, del cuerpo no de las patas, y cuando te diga lo halas con cuidado.
Es una gata.
El hombre miró a Lydia y entró en sus ojos tratando de entender cuál era la intención de hacerle saber el sexo del animal en ese momento o porqué era importante que lo supiera.
El refrigerador se barrió hacia delante rasgando visiblemente la pared, pero abrió el espacio entre el suelo y Lydia pudo arrastrar a Lao fuera. Tenía en el hocico un pequeño ratón, de ahí venía la sangre. Se quitó el suéter y envolvió a Lao en él.
¿Sabes dónde hay un veterinario?
Sí, pero no está cerca.
¿Nos llevarías?
Volvió a meterse en su mirada y accedió sin decir nada.

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