La gata Lao IX (y el gato que la salvó)

por vanessasaintcyr

El refrigerador era un Kelvinator de más de 30 años de uso y aunque entre las dos trataron, no pudieron moverlo, era demasiado pesado y el espacio donde estaba empotrado muy estrecho. Tenían que sacar a Lao primero o mover el aparato con mucho riesgo de aplastarla.
Lydia la tocó; su pelaje tenía una tibieza exigua. La tomó de las dos patas y la jaló, apenas logró moverla. Tal vez la cabeza estaba atorada con algo y eso era lo que no la dejaba salir. Se agachó al ras del suelo. No entendía como Lao pudo haber metido medio cuerpo ahí.
Necesito encontrar un gato para sacarla, un gato hidráulico, —corrigió ante los ojos sorprendidos de la mujer— hay que alzar el refrigerador.
Mejor busque un veterinario, —respondió al señalar un hilo de sangre que se deslizaba por el mosaico azul.

Lydia salió a la calle sin saber dónde buscar primero. Se metió al primer establecimiento que encontró preguntando por una vulcanizadora o una veterinaria. El empleado no encontró relación y sonrió divertido; no sabía de ninguna. Y así en la siguiente que encontró, y en la siguiente. Pensó en llamar a Mario, pero tendría que darle demasiadas explicaciones antes de que él entendiera porqué lo necesitaba en su propia casa, no sería suficiente con decirle que tenía que ayudar a preservar la única pertenencia viva que había dejado su madre.
Estuvo casi cuarenta minutos buscando sin suerte hasta que decidió regresar. Un auto iba entrado en la privada. Esperó a que se estacionara, resultó ser el vecino al lado de casa de Mario.
Tocó en el vidrio del parabrisas y el hombre la miró desconcertado.
Necesito que me ayudes.
¿Qué pasa?
Saca el gato de tu cajuela, dime por favor que tienes uno ahí.
El hombre salió y empezó a buscar, tenía la cajuela llena lámparas sumergibles, visores y trajes completos de neopreno. Cuando lo encontró Lydia lo jaló hasta la cocina donde la mujer hacía sus menesteres como si nada hubiera pasado.
Hay que sacarla, —señaló hacia donde estaba Lao.
Puso el gato en medio del aparato, el ángulo casi no entraba entre el suelo y la parte más baja del refrigerador. Empezó a jalar la palanca con lentitud. La mujer dejó de lavar y se puso detrás para observar.
Toma al gato con las dos manos, del cuerpo no de las patas, y cuando te diga lo halas con cuidado.
Es una gata.
El hombre miró a Lydia y entró en sus ojos tratando de entender cuál era la intención de hacerle saber el sexo del animal en ese momento o porqué era importante que lo supiera.
El refrigerador se barrió hacia delante rasgando visiblemente la pared, pero abrió el espacio entre el suelo y Lydia pudo arrastrar a Lao fuera. Tenía en el hocico un pequeño ratón, de ahí venía la sangre. Se quitó el suéter y envolvió a Lao en él.
¿Sabes dónde hay un veterinario?
Sí, pero no está cerca.
¿Nos llevarías?
Volvió a meterse en su mirada y accedió sin decir nada.

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