Ventanas… (fragmento de la novela que está por ver la luz)

por vanessasaintcyr

…Pasé dos días en medio de un campo plagado de sonidos desconocidos. Por primera vez vi el perfecto diseño de una telaraña salpicada de rocío y cómo se desorbitaron los ojos de un caballo a causa de un miedo desconocido para mí.
De ese viaje me acuerdo de cómo mi padre me jaló bruscamente de un brazo y gritó cuando yo corría entre la gente que platicaba junto a él. La parte posterior del hacha con la que cortaban leña me pasó a un centímetro de la cabeza cuando el hombre que la maniobraba la levantó hacia atrás para que cayera con más fuerza sobre un tronco. Me habría matado. También fue en ese escenario donde descubrí trucos de ternura y seducción.
Por las reacciones que pude notar en las mujeres del grupo y las constantes miradas, me di cuenta de que Iván era un hombre instantáneamente apetecible. Tenía la cara afilada, ensombrecida por una barba a medio crecer. El cabello castaño claro, amarrado en una cola de caballo al ras de la nuca y una sonrisa de dientes blancos y alineados. Era el dueño de la guitarra y tenía unas manos grandes que dejaban ver algunas venas fuertes cuando hacía presión en las cuerdas o cuando regresaba del patio cargando leña para la chimenea.
Llegó poco después que nosotros en un ruidoso Volkswagen amarillo con algunos golpes en las salpicaderas y las llantas llenas de lodo. Se bajó sin maleta y empezó a saludar a la gente reunida en la terraza. Mi padre tampoco lo conocía y cuando el saludo llegó hasta él se estrecharon la mano diciendo al mismo tiempo el nombre que correspondía a cada uno.
—Ella es mi hija—, me presentó olvidando mencionar el nombre que había escogido para mí. Iván se inclinó preguntándome por el olvido; se lo dije y él lo repitió mientras revolvía el cabello que caía en mi frente.
Sólo le faltaba estar acompañado de un inseparable labrador color miel para encajar en el prototipo del bohemio solitario, el artista, la joven promesa de algún arte. Era un hombre atractivo y un tanto parsimonioso que a ratos buscó la soledad dentro y fuera del grupo. Eso quizá lo hizo todavía más interesante.
—Es menos atractivo de lo que parece, no entiendo qué es lo que les llama tanto la atención—. Le contestó el dueño de la casa a una de las mujeres que había preguntado por Iván con un interés evidente cuando éste se había levantado a fumar un cigarro lejos del alboroto de la conversación.
—En serio, ¿por qué sienten atracción por hombres así? Tal vez lo que buscan es averiguar si ese mundo de melancolía fue provocado por otra mujer y lo que les interesa es competir, ganarle la partida un fantasma femenino.
Ella no contestó y él terminó de hablar con una sonrisa disfrazada, molesto porque sus amigas preguntaran constantemente por Iván.
Al anochecer, la sala donde se instalaron para seguir la reunión se iluminó por velas amontonadas en la mesa de centro, junto a copas de vino y ceniceros rebosantes de colillas. El fuego de la chimenea ayudaba a que el espacio se llenara de una amarillenta e inquieta luz.
Había otros dos niños, ambos más chicos que yo y también hijos de padres de fin de semana. La primera noche caímos en el sueño arrullados por música y palabras.
Cuando desperté, mi padre dormía con pesada respiración en la cama de al lado. Salí del cuarto rumbo a la cocina y vi que algunos habían tenido que dormir en los sillones de la sala. Escondían la cabeza dentro de las cobijas para que la luz de la mañana no los perturbara. Oí que alguien descargaba el agua del baño y después miré a Iván que ya tenía en la boca un cigarro encendido. En su saludo incluyó mi nombre y yo le sonreí pasándome un mechón de cabello detrás de la oreja. Le pregunté si tenía hambre y acercándose a mí para entrar juntos a la cocina me contestó que él siempre tenía hambre. Propuso un desayuno de huevos revueltos, pan tostado con mermelada, leche para mí y café para él. Se movía de un lado a otro de la cocina buscando platos y sartenes, tratando de hacer poco ruido para no despertar a los que dormían en la sala. Me hacía preguntas y se reía mientras seguía buscando cosas con qué preparar el desayuno.
—¿Dónde estará el café?
—¿No está junto a el azúcar?
—Espera… No, no está.
—Entonces no hay.
—¿Cómo es eso?
—Donde está el azúcar está el café. Eso dice mi abuela que siempre está tomando café.
Iván hizo una mueca y no dijo más. Poco después los demás se fueron levantando, aún amodorrados, se dirigían a la cocina o al baño. Mi padre y la joven mujer que había preguntado por la vida de Iván fueron los últimos en despertarse. Cada uno en su momento se quejó por la falta de café en una mañana tan fría.
Después de bañarse, Iván se puso a buscar su chamarra entre todas las que se había amontonadas en el perchero y salió de la casa con el cabello todavía mojado. Nos hicimos amigos. Yo podía ser su hermana pequeña, la hija de una antigua amante, la parte femenina que no le buscaba los ojos para cautivarlo de forma física, una mujer encerrada en una niña que no podía lastimarlo.
Al caer la tarde la chimenea volvió a dar calor; en vez de velas, luz blanca y en lugar de música, carcajadas. Los otros dos niños y el padre de uno de ellos se pusieron a repartir las fichas de un juego de mesa en el centro de la sala y de la conversación. El hombre participaba de los dos mundos, se emocionaba cuando su ficha avanzaba en el tablero y después refutaba alguno de los comentarios del tema en turno. Les había agradecido la invitación al juego buscando con esa negación poder pertenecer al otro grupo y alejarme de mi condición de niña.
Cuando la primera ronda del juego acabó, Iván me animó a participar. Organizó tres equipos y logró que la charla de los otros fuera distraída por las tontas risas que nos regalaba el juego. Cuando éste se acabó, las palabras y algunas risas volvieron a ser el eje de la noche; alguien avivó el fuego de la chimenea y la madera volvió a escurrir resina. El letargo me fue venciendo al lado de Iván, las sombras empezaron a moverse, a desaparecer. Quería seguir ahí, permanecer en mi primera historia, en el inicio de un enamoramiento disparado por las peligrosas ganas de crecer.
Acomodé la cabeza en su muslo y sentí una dura mezclilla que olía a tierra y a humo. Al sentirme, Iván estiró un poco la pierna para destensar el músculo y empezó a acariciarme la frente y el cabello. Podía sentir sus movimientos, la mano libre tratando de alcanzar la cerveza, la forma de exhalar el humo del cigarro haciendo un peculiar ruido con los labios, los espasmos de su estómago al ser presa de la risa. Dos veces se inclinó para verme y después la palma de su mano se posó sobre mi antebrazo, cerca de la cintura. Yo fingía dormir, fingía ser una niña y disfrutaba de la escenografía que había preparado para mí misma. Tenía calor, público, música, oscuridad y experimentaba con el contacto.
También tenía vigilancia. Oí mi nombre en la voz de mi padre.
—Hija, vete a dormir a la cama.
No contesté. Lo repitió. Sentí que Iván alargaba el torso de nuevo, tal vez para presionar la colilla en el cenicero. Pasó su mano por debajo de mis rodillas encogidas y se levantó conmigo en brazos.
—Deja, yo la llevo.
Y el ruido continuó.
Mis pies se balanceaban con cada escalón que Iván subía. Había prendido la luz que iluminaba la escalera y abriendo un poco los ojos pude ver cómo la manzana de Adán se le acomodaba en la garganta al tragar saliva. Mis brazos le rodeaban el cuello. Su olor me gustó.
Dio vuelta en el primer cuarto y me acomodó en la cama cercana al ventanal. Me dejó los tenis puestos. Se detuvo unos segundos en el umbral con una mano en el mango de la puerta. Su silueta ilustró la despedida, el final de mi corta historia. Cuando intentó cerrar la puerta lo llamé, casi grité su nombre. Él se detuvo y esperó sin parecer sorprendido de que estuviera despierta.
—¿Sí?
—¿Dejas la puerta abierta?, —dije como pidiendo un deseo.
Y él la dejó…

Anuncios

2 comentarios to “Ventanas… (fragmento de la novela que está por ver la luz)”

  1. Está padrisima! Quiero mas!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: