Archive for ‘Libros’

julio 27, 2012

Libros paisajes

por vanessasaintcyr

Los libros, mi mundo. Paisajes de otras vidas que le ganan la partida a la realidad. A mí, lo que me gusta, es devorar el corazón de las historias, aprender de los bien escritos “a dentelladas secas y calientes”. Pero reconozco que hay algunos, muchos, antiguos y nuevos, sobre todo nuevos, que no sirven para leer.

Como sea, si es libro, llama mis pupilas, si es bello o logra transformar lo inerte, más. Guy Laramée  talla el campo, la montaña o Petra sobre la literatura. Escoge volúmenes antiguos porque lo que se hacía antes no moría tan rápido.

Pura contemplación; diáfana en este caso, hermosa. Sí compraría algunas de las obras de este canadiense, la pondría cerca de una lámpara, al frente de mi sillón preferido, para recordarme que hay que hacer trabajos de larga vida, romper esa inercia contemporanea de lo desechable, mientras trabajo o leo una buena historia.

marzo 30, 2012

El vicio principal

por vanessasaintcyr

Me pasa con Internet lo que antes sentía al entrar en una librería. Tantos libros, tantas vidas dedicadas a lo mismo. Antes y ahora, esclavos de las palabras haciéndose a empujones entre millones de hojas escritas. Un blog más, un ebook navegando por la polémica y ya congestionada literatura cibernética.

Entre el tiempo que me queda para mis lecturas más íntimas y un desbordamiento diario de opciones, me cuesta trabajo jerarquizar lo que quiero leer. Voy descubriendo blogs interesantes, los de amigos y conocidos… tantas vidas expuestas en palabras que ya no sé por donde empezar o seguir o cómo parar. Estar conectada a esta red es una trampa, se cuelan demasiados distractores que poco o nada tienen que ver con el placer de leer.

Y cuando de leer se trata, estoy atiborrada, cuándos libros en el Kindle, comprados pero no leídos por falta de tiempo, y cuántas samples suculentas y accesibles esperando un click de compra.

Vaya condena, cuando no estoy leyendo, estoy escribiendo y cuando no puedo hacer ninguna de las dos, pienso como si escribiera.

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noviembre 8, 2011

Luz de otoño

por vanessasaintcyr

Hay algo en la luz de octubre que me hace feliz. Es ese viento frío que la hace más luminosa, la desnuda. Agradezco tanto su llegada después de un verano despiadado que abrasa pieles blancas y no permite secar el sudor.
Veo venir el aliento del invierno, incita a los árboles que visten de rojo antes de entregarse a un último candor. Un viento peristente que aquieta los pensamientos y se los lleva, esos que no hacen falta, pero que llegan.

ilustración de Nicoleta Ceccoli

El dibujo es de Nicoletta Ceccoli, ilustradora italiana que ya quisiera yo para mis siguientes libros.

septiembre 27, 2011

Sonreír en francés

por vanessasaintcyr

Sonrisa, smile, sourire…

Tengo algo con las sonrisas genuinas y los dientes alineados, brillantes y blancos de mostrarlos tanto a la luna esperando por el sol. Hace un par de años se me ocurrió un cuento, de una niña con una sonrisa despeinada. De repente empezó a mudar los dientes de leche y mientras se veía en el espejo se preguntaba por tan raro proceso y cuánto tiempo tendría que esperar para tener una bonita sonrisa que mostrar.
—¡Despeinada! Pero qué calificativo más inadecuado para una sonrisa y para un cuento para niños!
Ya, lo sé, pero qué quieren, es el que va con esta niña curiosa que se pregunta por los cambios en su cuerpo, en la vida y busca respuestas en su hermano mayor.
—Además, no hay sonrisas despeinadas.
—!Qué va! las hay de todo tipo: alocadas, contagiosas, excéntricas. ¡Vaya! las hay hasta peludas y geniales. También las hay viajeras, la idea de esta sonrisa cruzó el Atlántico y hoy nace la versión en francés: Un sourire décoiffé
—Y yo, ¿qué clase de sonrisa tengo?
—A ver, sonríe.

El cuento en las ediciones español, inglés y francés está a la venta en Amazon

agosto 26, 2011

Para leer un ebook en tu iPhone…

por vanessasaintcyr

… o cualquier tableta o Blackberry

Muchos ya están habituados a leer ebooks otros no saben ni que existen o no se imaginan cómo puede disfrutarse la lectura sin el olor del papel, el peso del libro impreso y el ruido de las hojas al avanzar. Yo amo los libros y confieso que los prefiero así, cada uno con el peso de su historia en las páginas que abarcan, pero he encontrado un nuevo placer al leer en mi kindle, explorar novedades y bajar adelantos de todos los títulos que me interesan.
Un lector me preguntó cómo podía leer mi novela en su iPhone, es fácil:
La aplicación de Kindle se encuentra en el Apple Store y puede bajarse para Mac, PC, Blackberry, IPhone, Ipad, Ipod touch, y otros dispositivos. Se instala de forma automática y se lee bien en todos, o sea, en un Ipad, Iphone o cualquiera otro e-reader. Son tres pasos simples.

1. Desde tu compu, Ipad, Iphone, Ipod Touch, etc, entras a App Store:
2. Bajas la aplicación Kindle para iPhone, iPad, iPod touch o Amazon Kindle:
3. Abres la aplicación y buscas Ventanas que dan al mar o cualquier otro libro que te interese y esté en versión electrónica.
4. Lo compras, no todo lo que quieres leer puede ser gratis.

“Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro”.
Emily Dickinson.

agosto 10, 2011

Me pone alas

por vanessasaintcyr

Hace meses que escribo y no escribo. Dar a luz me ha encendido el foco de la vigilia. Mi cuerpo es alimento, sangre escarchada y dulce de mis días y mis noches. Así que sola en la silla y mi hijo latiendo conmigo me pongo a escribir en el aire manuscritos invisibles que no leerá nadie. Me paso las horas con los brazos ocupados y la mirada en su pequeño cuerpo o en inmensas incógnitas.
Hoy reíste mientras comías y me pusiste un par de alas, cuando volví qusiste beber de nuevo. Te puse una nana, la de Miguel Hernández cantada por Serrat mientras yo sonreía y agradecía a la vida tener mucho más que cebollas para alimentarte.

julio 27, 2011

Una Sonrisa Despeinada

por vanessasaintcyr

Si te fijas bien en las personas puedes encontrar sonrisas alocadas, sonrisas que curan, sonrisas dulces, contagiosas, hasta sonrisas peludas y geniales. Marion está mudando dientes y es la única que tiene una sonrisa despeinada. Su hermano Nino es quien la ayuda a descubrir lo bello y cambiante de su sonrisa al tiempo que él mismo descubre en su vecina Fabiana que las niñas más bonitas son las que mandan mensajes cuando sonríen.
Lectura para niños de 6 a 14 años.

De venta en Amazon.com

Primeras páginas:

julio 18, 2011

Ventanas que dan al mar

por vanessasaintcyr


La escribí hace años ya, y la he ido afinando mientras esperaba por su publicación. La envié a concursos literarios y a dictamen; la he dejado también en el olvido y la he retomado rabiosamente queriendo cambiar toda la estructura.
Se ha modificado con el tiempo, pero en esencia es la misma, mantiene el impulso de narrar en diferentes etapas de la protagonista los pasajes del sexo, la nostalgia, la muerte y la incomunicación.
La leyó mi hombre (andresjorge.com) y mi gente más cercana. Después los reuní en casa. Fue como hacer una pequeña presentación de la novela, una fiesta en nuestra casa de Cuernavaca.
Empecé a escribir otra novela y mis cuentos para niños a la par que escribía a destajo buenos y malos textos para mí y para las revistas donde trabajaba. Nunca supe exactamente por quién eran leídas y si a tales lectores les importaban mis palabras.
Hace años, también, mi hombre, que tiene mucho de visionario, creó el portal paginadeautor.com, buscando congregar a autores con trayectoria para exponer sus libros, artículos y novedades y crear una comunidad de lectores y escritores, acercar el vínculo y dejarlo crecer.
Nos contrataron varios autores publicados por Alfaguara y otros que creyeron en el proyecto. Ganamos algún dinero y finalmente la idea se durmió, hibernó por años, hasta ahora que hemos decidido crear La Costra Nossa: cada escritor es responsable de su obra y no sólo de la calidad literaria sino de todos los procesos para promocionarla y mantenerla en un digno nivel literario.
Hace algunos meses recibí la oferta por parte de Ediciones Oblicuas, que tiene su sede en Barcelona, la cosmopolita y floreciente Barcelona, de publicar esta novela si compartíamos los gastos. El proceso era más o menos el mismo que estamos haciendo nosotros, con la diferencia, claro, de que se daría a conocer primero en España, país que donde sus lectores son mucho, mucho más ávidos que en México. Me ilusionó la idea, pero me negué, quería apostar por lo nuestro.
Así que en vez de recibir el libro ya armado, viví y sufrí cada parte del proceso: el cruce de ideas con el diseñador por la imagen de portada, las tantas versiones de la contra para vender y ofrecer mejor la historia, el interminable proceso de edición.
Aquí la tienen, en versión impresa y para Kindle. Mientras, otra novela se gesta y tocará puerto en el 2012.

A la venta en Amazon.com y como ebook.

mayo 11, 2011

Ventanas… (fragmento de la novela que está por ver la luz)

por vanessasaintcyr

…Pasé dos días en medio de un campo plagado de sonidos desconocidos. Por primera vez vi el perfecto diseño de una telaraña salpicada de rocío y cómo se desorbitaron los ojos de un caballo a causa de un miedo desconocido para mí.
De ese viaje me acuerdo de cómo mi padre me jaló bruscamente de un brazo y gritó cuando yo corría entre la gente que platicaba junto a él. La parte posterior del hacha con la que cortaban leña me pasó a un centímetro de la cabeza cuando el hombre que la maniobraba la levantó hacia atrás para que cayera con más fuerza sobre un tronco. Me habría matado. También fue en ese escenario donde descubrí trucos de ternura y seducción.
Por las reacciones que pude notar en las mujeres del grupo y las constantes miradas, me di cuenta de que Iván era un hombre instantáneamente apetecible. Tenía la cara afilada, ensombrecida por una barba a medio crecer. El cabello castaño claro, amarrado en una cola de caballo al ras de la nuca y una sonrisa de dientes blancos y alineados. Era el dueño de la guitarra y tenía unas manos grandes que dejaban ver algunas venas fuertes cuando hacía presión en las cuerdas o cuando regresaba del patio cargando leña para la chimenea.
Llegó poco después que nosotros en un ruidoso Volkswagen amarillo con algunos golpes en las salpicaderas y las llantas llenas de lodo. Se bajó sin maleta y empezó a saludar a la gente reunida en la terraza. Mi padre tampoco lo conocía y cuando el saludo llegó hasta él se estrecharon la mano diciendo al mismo tiempo el nombre que correspondía a cada uno.
—Ella es mi hija—, me presentó olvidando mencionar el nombre que había escogido para mí. Iván se inclinó preguntándome por el olvido; se lo dije y él lo repitió mientras revolvía el cabello que caía en mi frente.
Sólo le faltaba estar acompañado de un inseparable labrador color miel para encajar en el prototipo del bohemio solitario, el artista, la joven promesa de algún arte. Era un hombre atractivo y un tanto parsimonioso que a ratos buscó la soledad dentro y fuera del grupo. Eso quizá lo hizo todavía más interesante.
—Es menos atractivo de lo que parece, no entiendo qué es lo que les llama tanto la atención—. Le contestó el dueño de la casa a una de las mujeres que había preguntado por Iván con un interés evidente cuando éste se había levantado a fumar un cigarro lejos del alboroto de la conversación.
—En serio, ¿por qué sienten atracción por hombres así? Tal vez lo que buscan es averiguar si ese mundo de melancolía fue provocado por otra mujer y lo que les interesa es competir, ganarle la partida un fantasma femenino.
Ella no contestó y él terminó de hablar con una sonrisa disfrazada, molesto porque sus amigas preguntaran constantemente por Iván.
Al anochecer, la sala donde se instalaron para seguir la reunión se iluminó por velas amontonadas en la mesa de centro, junto a copas de vino y ceniceros rebosantes de colillas. El fuego de la chimenea ayudaba a que el espacio se llenara de una amarillenta e inquieta luz.
Había otros dos niños, ambos más chicos que yo y también hijos de padres de fin de semana. La primera noche caímos en el sueño arrullados por música y palabras.
Cuando desperté, mi padre dormía con pesada respiración en la cama de al lado. Salí del cuarto rumbo a la cocina y vi que algunos habían tenido que dormir en los sillones de la sala. Escondían la cabeza dentro de las cobijas para que la luz de la mañana no los perturbara. Oí que alguien descargaba el agua del baño y después miré a Iván que ya tenía en la boca un cigarro encendido. En su saludo incluyó mi nombre y yo le sonreí pasándome un mechón de cabello detrás de la oreja. Le pregunté si tenía hambre y acercándose a mí para entrar juntos a la cocina me contestó que él siempre tenía hambre. Propuso un desayuno de huevos revueltos, pan tostado con mermelada, leche para mí y café para él. Se movía de un lado a otro de la cocina buscando platos y sartenes, tratando de hacer poco ruido para no despertar a los que dormían en la sala. Me hacía preguntas y se reía mientras seguía buscando cosas con qué preparar el desayuno.
—¿Dónde estará el café?
—¿No está junto a el azúcar?
—Espera… No, no está.
—Entonces no hay.
—¿Cómo es eso?
—Donde está el azúcar está el café. Eso dice mi abuela que siempre está tomando café.
Iván hizo una mueca y no dijo más. Poco después los demás se fueron levantando, aún amodorrados, se dirigían a la cocina o al baño. Mi padre y la joven mujer que había preguntado por la vida de Iván fueron los últimos en despertarse. Cada uno en su momento se quejó por la falta de café en una mañana tan fría.
Después de bañarse, Iván se puso a buscar su chamarra entre todas las que se había amontonadas en el perchero y salió de la casa con el cabello todavía mojado. Nos hicimos amigos. Yo podía ser su hermana pequeña, la hija de una antigua amante, la parte femenina que no le buscaba los ojos para cautivarlo de forma física, una mujer encerrada en una niña que no podía lastimarlo.
Al caer la tarde la chimenea volvió a dar calor; en vez de velas, luz blanca y en lugar de música, carcajadas. Los otros dos niños y el padre de uno de ellos se pusieron a repartir las fichas de un juego de mesa en el centro de la sala y de la conversación. El hombre participaba de los dos mundos, se emocionaba cuando su ficha avanzaba en el tablero y después refutaba alguno de los comentarios del tema en turno. Les había agradecido la invitación al juego buscando con esa negación poder pertenecer al otro grupo y alejarme de mi condición de niña.
Cuando la primera ronda del juego acabó, Iván me animó a participar. Organizó tres equipos y logró que la charla de los otros fuera distraída por las tontas risas que nos regalaba el juego. Cuando éste se acabó, las palabras y algunas risas volvieron a ser el eje de la noche; alguien avivó el fuego de la chimenea y la madera volvió a escurrir resina. El letargo me fue venciendo al lado de Iván, las sombras empezaron a moverse, a desaparecer. Quería seguir ahí, permanecer en mi primera historia, en el inicio de un enamoramiento disparado por las peligrosas ganas de crecer.
Acomodé la cabeza en su muslo y sentí una dura mezclilla que olía a tierra y a humo. Al sentirme, Iván estiró un poco la pierna para destensar el músculo y empezó a acariciarme la frente y el cabello. Podía sentir sus movimientos, la mano libre tratando de alcanzar la cerveza, la forma de exhalar el humo del cigarro haciendo un peculiar ruido con los labios, los espasmos de su estómago al ser presa de la risa. Dos veces se inclinó para verme y después la palma de su mano se posó sobre mi antebrazo, cerca de la cintura. Yo fingía dormir, fingía ser una niña y disfrutaba de la escenografía que había preparado para mí misma. Tenía calor, público, música, oscuridad y experimentaba con el contacto.
También tenía vigilancia. Oí mi nombre en la voz de mi padre.
—Hija, vete a dormir a la cama.
No contesté. Lo repitió. Sentí que Iván alargaba el torso de nuevo, tal vez para presionar la colilla en el cenicero. Pasó su mano por debajo de mis rodillas encogidas y se levantó conmigo en brazos.
—Deja, yo la llevo.
Y el ruido continuó.
Mis pies se balanceaban con cada escalón que Iván subía. Había prendido la luz que iluminaba la escalera y abriendo un poco los ojos pude ver cómo la manzana de Adán se le acomodaba en la garganta al tragar saliva. Mis brazos le rodeaban el cuello. Su olor me gustó.
Dio vuelta en el primer cuarto y me acomodó en la cama cercana al ventanal. Me dejó los tenis puestos. Se detuvo unos segundos en el umbral con una mano en el mango de la puerta. Su silueta ilustró la despedida, el final de mi corta historia. Cuando intentó cerrar la puerta lo llamé, casi grité su nombre. Él se detuvo y esperó sin parecer sorprendido de que estuviera despierta.
—¿Sí?
—¿Dejas la puerta abierta?, —dije como pidiendo un deseo.
Y él la dejó…

diciembre 15, 2010

Mami, quiero leer tu libro

por vanessasaintcyr


He logrado que mi hijo de tres años pida leer un cuento antes de dormir, es más, he logrado que se niegue a dormir si no le leo uno, así que cuando he querido saltarme la rutina porque es demasiado tarde o quiero sentarme a trabajar antes de caerme de sueño, él remolonea y tarda más de la cuenta en relajarse, no sin antes entre sueños soltarme un reclamo de que no leyó.
Hemos pasado de libros con oraciones muy cortas que pronto se aprende de memoria, a El gigante egoísta, de Wilde, por ejemplo. Y así pide otro y otro.
Hoy, cuando le pregunto qué quiere leer, va hacia mi mesita de noche donde sabe que siempre hay libros y me dice: quiero leer tu libro, mami. A mí me da un vuelco de entusiasmo porque entre su semántica y mi deseo pareciera que quisiera leer el libro que escribí y no el que estoy leyendo.
—Pero este libro no tiene imágenes, mira, son sólo letras, palabras, así son “los libros de Mami”, ¿quieres mejor uno de los tuyos?
—Pero yo quiero leer este. ¿Cómo se llama?
Y para buen tino se trata de Cuentos completos de Katherine Anne Porter, así que él escucha cuentos y no ve ninguna diferencia.
—Quiero este.
Sorprendida, se me ocurre empezar a leer donde me quedé la noche anterior, y pienso también que tal vez él cambie rápido de opinión al no entender muy bien de qué va la historia. Así que leo cerca del final de Vino de medio día cuando el sentimiento del culpa del señor Thompson se hace más insoportable. Mi hijo escucha con atención, así que al ver que no me detiene tengo que cambiar, sobre todo, el verbo matar por pintar, que es en esa parte donde más se repite.
Casi al final de la segunda página leída, decido terminar yo …“y este cuento se acabó”.
Él se voltea en su camino al sueño y no dice nada.
Ya con la luz apagada me quedo pensando en el poder de las palabras. Y trato de hacer un recuento de lo que he dicho durante el día que a él pudiera grabársele. A los niños les encanta acercarse al terreno de los adultos y regresar, supongo que para comprobar que todo va bien. Además, más veces de las que ni siquiera nos damos cuenta los subestimamos; entienden y enseñan, nos enseñan que lo que ahora está cerca de ti también los toca a ellos.
Con suerte y un día vaya directamente a leer mis libros.

octubre 10, 2010

¿Testosterona?

por vanessasaintcyr

Tengo en el baño de visitas el libro Mujer, una geografía íntima de Natalie Angier; un muy buen ejemplo de periodismo científico. Dice cosas realmente sorprendentes de las mujeres y nuestras hormonas. Y aunque tiene más de 400 páginas está tan bien condensado que hace de mis idas al baño verdaderas cápsulas culturales.

Lo abro al azar y en uno de sus últimos capítulos dice que la primera tarea de una niña es aprender a sobrevivir en un grupo de niñas. Las niñas en grupo son… Agresivas. Habla de los niveles de testosterona en la mujer. Dice, entre otras cosas, que la mujer cuyo cociente de testosterona está en el extremo superior del rango femenino se interesa más por su carrera profesional, es más asertiva sexualmente y le gustan menos los niños, es muy poco madre (sic).

Y a partir de ese capítulo entendí un poco más porqué funcionan tan bien las fiestas de niños si están llenas de niños gritando de emoción (y llorando), mujeres histéricas, abuelos afanosos, shows infantiles deprimentes y algún macho perdido por ahí que se refugia constantemente en su celular.

Funcionan porque las que son muy madres se la pasan pastoreando a los chiquitos propios y a los ajenos, los persiguen para que coman, buscan que se diviertan con lo que hay y vigilan que los niños varones más grandes no se pasen de listos, que pasa todo el tiempo.

Las otras por el contrario no despegan su culo del asiento —excepto para comer— no paran de hablar, y casi ni voltean a ver por dónde están sus hijos de tres años porque están demasiado ocupadas en criticar cualquier asunto excepto los propios. Yo entiendo eso de interesarse (más) por la carrera profesional, y de lo asertivo en lo sexual ni hablar, lo que no sé es por qué se aventuran en la maternidad para comprobar que no es lo suyo, repiten la experiencia y entre una cosa y la otra, ni profesión, ni sexo —se nota— ni empatía infantil.

Quizá la testosterona nada tenga que ver, para mi gusto hay mujeres que saben y se divierten jugando y viendo disfrutar a los niños, y las que por mucho más tiempo del permitido quieren escapar de ellos.

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