Archive for ‘Un poco de todo’

febrero 28, 2013

Sí, a veces las mamás gritamos

por vanessasaintcyr
Crónicas de Mamá Transformer
Sí, a veces las mamás gritamos

Soy mamá transformer, el apodo me lo puso mi hijo un día cuando perdí los estribos y grité a viva voz ¡Porque yo lo digo! Como si fuera una loca frenética —vale aclarar que fue después de 150 veces de pedirle que hiciera algo por favor y otras 200 de, según yo, ser determinante.

 

—Ay, mamá, eres como un transformer, de los malos, —me dijo.

 

—Y puedo ser peor, —rematé.

 

Así que, siéntete acompañada, mujer, no eres la única mamá que se desespera y grita y un día quiere salir corriendo y no volver, por lo menos, dentro de una semana y pensar que ya se encargará el padre, aunque a veces parezca que no.

Y es que todo esto de los blogs de maternidad, crianza respetuosa, lactancia prolongada y todo lo que exacerba la maravilla de la maternidad, poca veces encuentra la contraparte cotidiana donde lidias con una repetición fastidiosa de “no quiero”, lloriqueos, entre otras quejas y asombrosas argumentaciones que los niñ@s de la era digital dicen a sus padres sin ninguna censura.

La realidad es que esto de ser Mamá a veces es una dimensión desconocida; estamos aprendiendo, prueba y error; prueba y error es lo que hacemos hasta que nos da resultado, no hay reglas fijas aunque se hayan inventado mil escuelas para padres —concepto que suena poco invitante, por cierto— y tod@s en algún momento nos desbordemos en dar consejos de crianza y educación a otras madres que desde luego lo están haciendo diferente, mejor o peor.

No se me olvida la frese que leí alguna vez en alguna revista, cuando aún no era madre “Cuando no tenía hijos, tenía muchas teorías, ahora tengo seis hijos y ninguna teoría. Me pareció genial, pero ahora es cuando realmente la entiendo, la vivo. Las teorías se van por la borda porque estás pendiente de mantener a los hijos en el barco, y el mar a veces no tiene el mejor tiempo. Los niños son tanto, en tantísimos sentidos.

Y es que mi retoño de seis años, saca algunas argumentaciones o frases como esas del transformer que me arrancan la carcajada, logra que se acabe el regaño y, después, quizá por la hormona del crecimiento o por una rebeldía natural, no haga caso en peticiones simples o labores de orden cotidiano.             Tiene que quedarle claro quién es la capitana de este mar de abrazos, aprendizajes, que es la vida siendo mujer, creadora, hechicera, bruja (a veces), maestra, aprendiz y profesional en una pila de materias que es Ser Mamá.

Así que, insisto, estamos juntas en esto y aprendiendo… que un domingo la hermana grande (de 11 años pre-adolescentísima) no quiera bajarse del coche y llore como Magdalena, te entiendo; que otro día los hermanos se peleen por cualquier cosa y se digan horrores, también; que otro día tu princesa de 14 se te acerque y te confiese que no sabe qué le pasa porque está descubriendo el mundo y a ella misma, y ríe y llora porque puede vislumbrar que este planeta es hermoso y a veces cruel. Y no sólo eso, esa niña te recuerda tu propia salida del cascarón para finalmente volver a tu aquí y ahora. Yo te entiendo, pero no tengo una receta infalible de qué hacer.

Así que sí, yo a veces grito, me desespero, me histerizo; muchas veces quiero salir huyendo sólo para detenerme a ver el mundo sin tanta vorágine emocional para después volver a mis hij@s con más paciencia y seguir aprendiendo.

Un consejo sí es válido, recordar que antes de Ser Mamá fuiste y eres mujer y necesitas espacios propios e irremplazables. Reserva más espacio para el buen sexo, ponte guapa, haz ejercicio, ríe. Verás que la paciencia crece y el tiempo de calidad se intensifica; por lo pronto, me quedo con el mote de mamá transformer porque también puedo ser la heroína más buena de la historia.

Inicialmente publicado en mi otro blog, www.sermamaencancun.com que trata los dilemas de la maternidad, la crianza, el gusto por los libros y otras historias y fases intermitentes de mamás histéricas.

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abril 13, 2012

El hombre más feliz (es monje y lo patrocina Coca Cola)

por vanessasaintcyr

¿Por qué un ser feliz necesita restregar por la cara a los otros su bienestar?

Por Juan José Millás

Publicado en El País 13/abril/2012

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Matthieu Ricard, monje budista que asiste al Congreso de Coca Cola. / J. SANCHO (EFE)

Abróchense los cinturones porque resulta que no solo existe el escritor más leído del mundo y el cantante más escuchado y el político más poderoso, existe también el hombre más feliz del mundo, el más feliz, un monje tibetano al que patrocina Coca-Cola sin que, por razones urgentes de simetría, Pepsi-Cola subvencione al más desdichado (o la más desdichada: el genérico, que no funciona). ¿Qué necesidad, piensa uno, tendrá el hombre más feliz del mundo de anunciar un refresco? ¿Qué le falta aún, qué carencia fundamental le aqueja para acudir a un congreso sobre la felicidad organizado por una multinacional? Un congreso que dejará sin duda a los parias de la Tierra como a una panda de gilipollas, de leprosos, de gente con pocas habilidades sociales. ¿Por qué un ser feliz necesita restregar por la cara a los otros su bienestar? Señor feliz, asómese usted, por favor, a una vida cualquiera, a la de ese hombre, por ejemplo, que acaba de levantarse de la cama y que en el desayuno ha de lidiar con un hijo adolescente en vías de escaparse del sistema (quien dice un hijo dice una hija, otro puto genérico que no rula). Fíjese, si lo prefiere, en el hijo (o hija) que no comprende por qué el bobo de su padre, a punto de ser sodomizado por la reforma laboral, continúa obedeciendo órdenes. Da igual, quédese con el padre o con el hijo, el que más rabia le dé, los dos habitan en un mundo donde el griego, que hasta ayer era un beso, ha devenido en una forma de suicidio. Mírelos en el metro, enterándose por un periódico gratuito de que existe el hombre más feliz del mundo y que se exhibe sin pudor como un fenómeno de feria. A ver qué hacen los pobres, aparte de cagarse en todo, aun sabiendo como saben que si eres de los que te cagas en todo (o de las que te cagas en todo, otra vez el maldito genérico) no te patrocina ni la Fanta.

link original: http://elpais.com/elpais/2012/04/12/opinion/1334232006_475094.html

noviembre 8, 2011

Luz de otoño

por vanessasaintcyr

Hay algo en la luz de octubre que me hace feliz. Es ese viento frío que la hace más luminosa, la desnuda. Agradezco tanto su llegada después de un verano despiadado que abrasa pieles blancas y no permite secar el sudor.
Veo venir el aliento del invierno, incita a los árboles que visten de rojo antes de entregarse a un último candor. Un viento peristente que aquieta los pensamientos y se los lleva, esos que no hacen falta, pero que llegan.

ilustración de Nicoleta Ceccoli

El dibujo es de Nicoletta Ceccoli, ilustradora italiana que ya quisiera yo para mis siguientes libros.

septiembre 27, 2011

Sonreír en francés

por vanessasaintcyr

Sonrisa, smile, sourire…

Tengo algo con las sonrisas genuinas y los dientes alineados, brillantes y blancos de mostrarlos tanto a la luna esperando por el sol. Hace un par de años se me ocurrió un cuento, de una niña con una sonrisa despeinada. De repente empezó a mudar los dientes de leche y mientras se veía en el espejo se preguntaba por tan raro proceso y cuánto tiempo tendría que esperar para tener una bonita sonrisa que mostrar.
—¡Despeinada! Pero qué calificativo más inadecuado para una sonrisa y para un cuento para niños!
Ya, lo sé, pero qué quieren, es el que va con esta niña curiosa que se pregunta por los cambios en su cuerpo, en la vida y busca respuestas en su hermano mayor.
—Además, no hay sonrisas despeinadas.
—!Qué va! las hay de todo tipo: alocadas, contagiosas, excéntricas. ¡Vaya! las hay hasta peludas y geniales. También las hay viajeras, la idea de esta sonrisa cruzó el Atlántico y hoy nace la versión en francés: Un sourire décoiffé
—Y yo, ¿qué clase de sonrisa tengo?
—A ver, sonríe.

El cuento en las ediciones español, inglés y francés está a la venta en Amazon

mayo 31, 2011

Escaleras abajo

por vanessasaintcyr

Subió el sol por mi cuerpo. Se posó primero en mis pies y fue trepando, lamiendo mis poros. Llegó a mi vientre y retrocedí un par de escalones para que despertara con su luz. Lo hizo y lo apagó con su humedad repentina.
Escaló en mis senos, se metió en mi boca, me cegó el deseo y buscó las ideas que se escapan por los ojos. Encendió mi cabello y seguí bajando todavía con su calor danzando en mi piel.
El sol se coló inesperadamente por una ventana, una luz cotidiana encendió mi camino mientras bajaba por una escalera eléctrica y en vez de sumergirme hacia una rutinaria búsqueda a la nada, me bañó de calor y agradecí mi estancia en la Tierra.

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